
Con los años cambian los escenarios, las personas y las circunstancias. Lo que viviste en 2018 no es lo mismo que en 2025… o tal vez sí, de alguna forma?
Quizá los hechos concretos son distintos, pero si miramos hacia adentro con honestidad, es fácil notar que el contenido intangible de los desafíos (las emociones, los patrones, los conflictos internos) suele parecerse. De algún modo, los retos de hoy riman con los de hace dos, tres o cinco años.
Y por qué es importante darse cuenta de eso?
En lo personal, identificar las “rimas” de mi historia me ha ayudado a descubrir cuál es el obstáculo real que me mantiene atrapada en ciertos ciclos.
Por ejemplo: desde hace cuatro o cinco años tengo el deseo de dejar mi trabajo de oficina para dedicarme por completo a la industria de la salud y el fitness.
Hace cinco años, el freno era sentir que recién empezaba y que no tenía suficiente experiencia.
Hace tres años, los problemas personales y de salud mental no me permitían ni acercarme a la idea.
El año pasado, el reto era equilibrar una preparación exigente con un trabajo que ya se sentía demasiado pesado.
Cada impedimento fue válido y, en apariencia, distinto. Pero si los miras de cerca… todos riman.
¿La rima? No me atrevo por miedo. Estoy esperando que la situación sea “perfecta”.
Descubrir estas rimas no resuelve automáticamente todos los problemas, pero sí es un primer paso poderoso. Te permite ver qué hay realmente detrás de cada obstáculo y empezar a cuestionarlo con más claridad y menos juicio.
Aceptar que tengo miedo y que estoy esperando el momento perfecto no solucionó todo. Pero sí me hizo entender que el momento perfecto probablemente nunca llegará. Y que lo más seguro es que la transición de “recibir un sueldo fijo y tener la estructura de un horario de oficina” a “emprender mi propio proyecto sin pasos claros” sea un proceso turbulento, lleno de errores y aprendizajes.
También me hizo darme cuenta de algo importante: este no es el primer proceso incierto que atravieso en mi vida.
Y adivinen qué… he sobrevivido.
Incluso tengo un trofeo en casa que lo demuestra.
Para cerrar, te animo a encontrar esas rimas en tu vida: esas que no te gustan, que evades, que incomodan. Obsérvalas con curiosidad. Cuestiónalas. Replantea la narrativa.
Porque tu historia está llena de rimas, asegurate de que en su mayoría, esas rimas te agraden.